Oracion de comunidades

Publicado en por Parroquia Nuestra Señora Esperanza y San Eugenio


Oracion de comunidades: 12 Enero 2009

POR EL BAUTISMO, NOS ACOGES, SEÑOR

Invocacion al Espiritu Santo

Ven Santo Espíritu, enciende en nosotros tu infinito amor.

Ven Padre de los pobres, dador de los dones, paz del corazón.

Ven brisa en el estío, calor en el frío, tregua en la labor, ven gozo en la tristeza, hasta el alma entra y enriquécenos.

Ven huésped de las almas, que si tu me faltas nos falta el valor.

Ven como lluvia fresca a la tierra seca de nuestro dolor.

Ven que el pecado vence si no está presente tu radiante luz, ven y que los hermanos contemplar podamos a Cristo Jesús.

Ven, todo lo que existe sepa que Dios vive, Santo ESPÍRITU

EVANGELIO: El Bautismo del Señor (Lc 3, 15-16. 21-22

REFLEXIÓN

Este domingo celebrábamos una nueva Epifa­nía: la manifestación del Mesías en su bautismo. Jesús va a comen­zar su vida pública, proclamando, con palabras y obras, la Buena Nueva. Por eso, el Padre nos lo presenta, solemnemente.

Jesús entra en el río Jor­dán, asumiendo toda la realidad humana y cargando con el pecado del mundo, para ser bautizado por Juan. El Espíritu penetra hasta lo más íntimo de su ser y cambia su vida. Se siente ungido y enviado. Y deja su familia para evangelizar a los pobres, curar a los enfermos, liberar a los cautivos, perdonar los pecados y predicar el Reino de Dios. Lo hará como Hijo y como siervo de la humanidad. Pero este Hijo tiene un estilo pro­pio de actuar: el miedo, que nos separa, se hará amor, que une los corazones. Elegirá servir a domi­nar, darse a recibir, ser a tener y aparentar, curar a herir, perdonar a castigar, ofrecer a imponer. “Tú eres mi Hijo, el amado, mi predilecto”. No es un so­ñador. Es el Hijo, la Palabra defini­tiva de Dios. Dirán de Él que nadie habló con tanta autoridad. Ni las amenazas de los poderosos, ni el saber de los letrados lo alejarán del proyecto del Padre. Será libre, por ser pobre y, al ser libre, liberta­dor. Es Santo, fiel y mi­sericordioso, y “pasará por el mundo haciendo el bien”. Es nuestro her­mano, y también nuestro Se­ñor.

En el bautismo fuimos incorpora­dos a Cristo, como los sarmientos a la vid, y ungidos con el crisma de la salvación para ser sacerdotes de un culto nuevo: la entrega gratuita a los demás; profetas de la espe­ranza, que anuncian el reino y de­nuncian cuanto lo impide; y reyes, señores de la libertad para amar y servir. Con el Espíritu recibido, podemos “sentir” al Padre que también se dirige a nosotos y nos dice: “tú eres mi hijo”. La Eucaristía es el culmen de la unción bautismal. Nos hace cuerpo de Cristo y nos compromete a vi­vir el amor de hijos y el servicio de hermanos.

Que venga a nosotros el reino ¡Sed felices! Oremos para ser li­bres y felices. “Amarás a tu prójimo, como a ti mismo”. Que nos apasione, como a Jesús, el reino de Dios y su justi­cia. (Jn 10,10). Dios “te manda flo­res cada primavera y un luminoso amanecer, con la sinfonía de los pájaros, cada mañana”. Quiere vi­vir en tu corazón. ¡Está loco por ti! ¿Y tú?.

EL SANTO DE LA SEMANA: Beata Verónica de Binasco

En el año 1507 (a sólo diez años de su muerte) el Papa León X (1475-1521) declaró Beata a una sencilla “monjita” llamada Veróni­ca Negroni.

Verónica nació en 1445 en la aldea de Binasco muy próxima a Milán. Y na­ció dentro de una familia campesina muy escasa en recursos económicos. Lo más pronto que sus fuerzas físicas se lo permitieron dedicó buenas ho­ras de las diarias jornadas a ayudar a sus padres en las duras tareas agrí­colas. De ellos recibió una tan esmerada educación religiosa que le condujo a estar segura de que su vocación era ingresar en al­guna orden contemplativa. Como consecuencia de esto pidió entrar en el convento agustino de San­ta Marta pero obtuvo como obstáculo su situación de analfabeta.

Se dedicó, entonces, a aprender a leer y escribir, consi­guiendo escasos resultados. Sin embar­go aprendió la más importante lección para una fecunda vida espiritual. Y, así se dice que se lo indicó la Virgen en una “graciosa” revelación: pu­reza de corazón, paciencia con el prójimo hasta orar de especial forma por los más alejados de Dios y medi­tación diaria sobre la Pasión de Jesús.

Fue, al fin, admitida en dicho convento ejerciendo la función de limosnera. En la comunidad constaba el grado tan alto de oración y vida mística que llegó a alcanzar. Y con esta fama de santidad y siendo virgen marchó al encuentro de su Esposo, su Señor, el 13 de enero de 1497.

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