Oracion Comuniddes

Publicado en por Parroquia Nuestra Señora Esperanza y San Eugenio

LA ESPERANZA

La esperanza personal de San Pablo es un ejemplo admirable. Se despliega en su alma con extremada intensidad. Gime por no estar todavía colmada y se regocija con el pensamiento del porvenir que espera. A su luz, las más legítimas esperanzas humanas pierden su valor.

Dios nos ha preparado para esto y nos ha dado el Espíritu Santo como garantía de lo que hemos de recibir. (2 Cor 5, 5)

Y no solo sufre la creación, sino también nosotros que ya tenemos el Espíritu como anticipo de lo que hemos de recibir. Sufrimos intensamente esperando el momento en que Dios nos adopte como hijos, con lo cual serán liberados nuestros cuerpos. (Rom 8, 23)

 

Y cuando nuestra naturaleza corruptible se revista de lo incorruptible y nuestro cuerpo mortal se revista de inmortalidad, se cumplirá lo que dice la Escritura:

“La muerte ha sido devorada con victoria.

¿Dónde está, oh muerte, tu victoria?

¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?”

El aguijón de la muerte es el pecado, y la antigua ley dio al pecado su poder. ¡Pero gracias a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo!

Por lo tanto, mis queridos hermanos, seguid firmes y constantes, trabajando siempre, cada vez más, en la obra del Señor; pues ya sabéis que no es inútil el trabajo que realizáis en unión con el Señor. (1 Cor 15, 54ss)

 

Aún más, a nada concedo valor cuando lo comparo con el bien supremo de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por causa de Cristo lo he perdido todo, y todo lo considero basura a cambio de ganarlo a él (Flp 3, 8)

Apoyándose sólo en la gracia de Dios y no en las obras, anima, sin embargo, con su dinamismo, la carrera y el combate que sostiene Pablo para cumplir su misión.

El que mi conciencia no me acuse de nada no significa que Dios me considere sin culpa. Y el que me juzga es el Señor. (1 Cor 4, 4)

Pero soy lo que soy porque Dios fue bueno conmigo y su bondad no ha resultado en vano. Al contrario, he trabajado más que todos ellos; aunque no he sido yo, sino Dios, que en su bondad me ha ayudado. (1 Cor 15, 10)

¿Dónde, pues, queda el orgullo del hombre delante de Dios? ¡Queda excluido! ¿Y por qué razón? ¿Por haber cumplido la ley? ¡No, sino por haber creído! (Rom 3, 27)

Hermanos, no creo haberlo alcanzado aún; lo que sí hago es olvidarme de lo que queda atrás y esforzarme por alcanzar lo que está delante, para llegar a la meta y ganar el premio que Dios nos llama a recibir por medio de Cristo Jesús. (Flp 3, 13s)

He peleado la buena batalla, he llegado al término de la carrera, me he mantenido fiel (2 Tim 4, 7)

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