Encuentro de laicos en Madrid

Publicado en por Parroquia Nuestra Señora Esperanza y San Eugenio

El último retiro en Madrid fue una experiencia bastante bonita:

     

      En un principio tuve muchííííííííííííísimas dudas porque supe que íbamos a ir apenas 2 ó 3 personas (al final: Ventura y yo ) de toda la parroquia, por esto mi cabeza me decía una y otra vez que era tonta si iba a la otra punta de España a escuchar “charlitas” un fin de semana entero en lugar de irme por ahí…para mí era un sobreesfuerzo y me quemaba; pero mi corazón (sin ánimo de ser “pastelosa”) estaba seguro de que Dios me llamaba a aquel retiro por algo y que me alegraría si iba, que todo lo bueno cuesta y que Dios plantaría algo en mí que mereciera la pena a través de ellas. Y ante la duda, (como suelo hacer cuando no se ponen de acuerdo) opté un poco más por el corazón que por la cabeza (si en algún momento hay que perder la cabeza por algo… mejor que sea por Dios, ¿no?), pero aún no iba muy convencida.

 

 

       Sin embargo desde el momento que entré por la puerta de Pozuelo se me disiparon todas las dudas: daba igual cuantos éramos o quienes fuésemos (los discípulos eran 12 y ¡mirad la que liaron!  ;)  ), los posibles planes alternativos, las charlas largas…no importaba nada: era una oportunidad ÚNICA E IRREPETIBLE de encontrarme con Dios, Él nos había reunido allí por algo. Él  nos habla cientos de veces y en cientos de acontecimientos todos los días, pero ese fin de semana era especial (todas las olas del mar desde fuera parecen iguales, pero sin embargo en su interior son muy distintas y cada una es irrepetible, sin ánimo de ponerme ahora poética, jeje)…

 

      El tema fundamental del encuentro fue el carisma oblatoy su vivencia;  y sí hubo “charlitas”, pero fue todo muy ameno y participativo.

 

       Aunque echaba mucho de menos a muchas personas de la parroquia (antiguas y actuales), me sentía en familia, me “adoptaron” sin ningún problema las otras parroquias oblatas y me sentía muy acompañada tanto físicamente, como espiritualmente en sentido de “iglesia”.  ¡Ya echaba de menos yo encontrarme con más gente que vivieran lo mismo que yo (incluso ya no sólo a nivel cristiano, sino a nivel de carisma), de otras parroquias!

 

      En la misa del sábado cada parroquia tenía que ofrecer algo y Málaga ofreció una flor (del jardín de las oblatas, que ¡les haría una gracia…!), símbolo de la vida que Dios da a toda sus criaturas, de modo que nosotros ofrecíamos dar la vida a un mundo que muere, a través de nuestro día a día. Otra ofrenda que me llamó mucho la atención fueron las piedras de ¿Jaén?, pero no recuerdo ahora qué simbolizaban.

 

      Esa noche me reí mucho en el monólogo que hizo Pablo sobre “por qué Papá Noel no existe”, aunque supongo que esto no era lo más formativo del encuentro o de índole oblata, pero fue un momentazo (y yo lo tengo grabado, jejeje, ¡tiembla, Pablo!)….

 

      Una de las cosas que más me impresionó fue el testimonio y la constancia de la parroquia de Jaén, que a pesar de no contar con oblatos en su iglesia, son más fieles que nunca al carisma y se vuelcan con más ímpetu y dedicación que ninguna y no creo que sea fácil, ¡¡¡mucho ánimo!!!

 

     Realmente fueron una convivencias bonitas y aunque me llenaron bastante, creo que no las viví totalmente en plenitud, no terminé de tirar a un lado “el paraguas”, pero me mojé bastante de Dios y me fui a casa chorreando con el paraguas bastante más cerrado de lo que lo traía (¡demasiado!… ¡si iba con paraguas, chubasquero y botas, como quien dice…!, ¡con ganas de mojarme, pero bastante resguardadita!) y lo que me llevé fue la sensación de poder hacer algo, de poder cambiar las cosas o al menos de seguir queriendo hacerlo, aunque a veces no veamos resultados (como dice la canción “tu voz vence al silencio”, ¿no?).

 

     No sé que es lo que Dios sembró en mí en ese fin de semana; como he dicho antes, espero que algo bueno, ¿no? El tiempo irá madurando las semillas. De momento no me arrepiento de haber optado por las convivencias en lugar de hacer otras cosas, ya que para todo hay tiempo… no creo que sea incompatible trabajar y tener una vida espiritual… creo que sólo es cuestión de organizarse: para mí un gran ejemplo de esto son algunas parejas con niños que conozco. En un mundo donde es difícil escuchar la voz de Dios entre tanto ruido hay que aprovechar los momentos en los que sabemos que está usando altavoz. En fin, no sé que más contaros porque un fin de semana de retiro es mucho más amplio que un par de páginas, os invito a que cuando vuestra mente os dé mil razones para no hacer sobreesfuerzos, le cerréis la boca y sigáis vuestro corazón (que al final, es al que Dios le habla, eso dice la Biblia) y dejo ya de ser pastelosa con tantos corazones y tanta metáfora poética, que me motivo escribiendo y al final alguno va a creer que iba con chubasquero de verdad, jeje…).   

 

      No me enrollo más… deseando que llegue la próxima me despido: un abrazo en Cristo.

                                                                                                                               Testimonio de Lili

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